El doctor Marcus Rivers vuelve loco al pequeño Legrand Wolf
El olor a antiséptico se mezclaba con el sudor del pequeño Legrand Wolf, que temblaba en la camilla mientras el doctor Marcus Rivers le examinaba con dedos que no eran tan profesionales. Sabían que esto estaba mal, que el médico no debería estar deslizando su lengua por ese culo apretado, pero el gemido que escapó de los labios del chiquillo lo dijo todo: no podía parar. Marcus le ordenó abrir más las piernas, y el pequeño obedeció, sintiendo cómo esa polla monstruosa se hundía hasta las pelotas en su agujero virgen. Cada embestida lo hacía gritar, el dolor y el placer mezclándose mientras el doctor le agarraba del pelo para que lo chupara como un profesional. Legrand Wolf tragaba saliva entre arcadas, los ojos llorosos, pero no se quejaba, solo gemía más fuerte cuando Marcus le llenaba la boca con su leche espesa. El doctor gruñó al correrse, pero no se salió, solo siguió follando al pequeño contra la camilla, disfrutando de cómo ese culo apretado lo apretaba como un guante. Legrand Wolf solo podía pensar en lo sucio que era esto, en cómo no debería estar disfrutando tanto, pero cuando Marcus le dio la vuelta y lo empotró contra la pared, ya no le importó nada más. Solo quería que ese monstruo de hombre lo rompiera de una vez, que le dejara lleno de su leche caliente hasta que no pudiera caminar. Y cuando Marcus lo hizo, Legrand Wolf solo pudo gemir, sintiendo cómo cada gota lo marcaba por dentro, sabiendo que nunca olvidaría esta primera vez.