Chica en bata transparente se corre con culo gigante
Llevaba días espiándola por el balcón mientras se paseaba en esa bata de seda que apenas le tapaba las tetas redondas y firmes, marcadas por el sujetador transparente que se le hundía en los pezones duros. Cada vez que se agachaba para secarse el pelo con la toalla, su culo enorme y prieto se le marcaba bajo la tela, y la polla se me ponía más dura que el mármol del baño. Cuando por fin entré sin hacer ruido, la encontré frotándose el coño empapado encima de la cama, con los muslos abiertos y los dedos metidos hasta los nudillos, gimiendo como una puta en celo. Antes de que pudiera reaccionar, le arranqué la bata de un tirón y se quedó solo con esas medias de red que le subían hasta el muslo, apretándole la carne blanca como un anillo. Le agarré las tetas por detrás, pellizcándole los pezones mientras le susurraba al oído lo puta que estaba por dejar que le viera así, con el coño chorreando y el culo temblando de deseo. Ella soltó un jadeo y se dejó caer de espaldas sobre la cama, abriendo las piernas como una invitación, con esa raja empapada brillando bajo la luz del atardecer. Me lancé sobre su cuerpo, enterrando la cara entre sus muslos para chuparle el clítoris hinchado mientras le metía dos dedos en la vagina, sintiendo cómo se contraía alrededor como un puño caliente. Cuando ya no pudo aguantar más, me empujó la cabeza y me ordenó que me la follara fuerte, con ese culo gigante rebotando cada vez que la empotraba contra el colchón. Las embestidas eran brutales, la cama crujía como si fuera a romperse, y los gritos de ella llenaban la habitación mientras su coño se llenaba de leche espesa, resbalando por sus muslos y manchando las sábanas. Cuando por fin me corrí dentro, ella se quedó temblando, con el cuerpo cubierto de sudor y los labios hinchados de tanto morderlos para no gritar como una loca.