Rubia cachonda follando en el coche del parking
La rubia no pudo resistirse cuando él le agarró el culo por encima del vestido ajustado mientras esperaban a que se fuera la cola del supermercado... sus tetas enormes rebotaban cada vez que él la empujaba contra el volante, el cuero del asiento crujía bajo sus nalgas desnudas después de que él le arrancara las bragas de un tirón. Él le lamió el coño depilado hasta que ella empezó a gemir como una perra en celo, con la espalda arqueada y los dedos clavados en el reposacabezas. Cuando la puso a cuatro patas en el asiento del copiloto, su culo redondo y prieto tembló al sentir la polla gruesa hurgando entre sus labios hinchados, buscando el agujero que ya chorreaba de lo mojada que estaba. Las embestidas le sacudían todo el cuerpo, sus tetas grandes se movían como gelatina con cada golpe, y el sonido de piel contra piel resonaba en el coche junto a los gruñidos de él y los gritos ahogados de ella. Él le agarró las tetas por detrás y se las apretó hasta dejarle marcas rojas mientras le clavaba el nabo hasta la garganta, ahogándola con su grosor mientras ella tragaba saliva y saliva antes de correrse sobre su verga, empapándole los huevos de jugos calientes. Justo cuando él estaba a punto de reventarle el coño de un empalamiento brutal, la alarma del coche sonó y tuvieron que parar, jadeantes y sudorosos, con la polla aún dura palpitando dentro de ella mientras se reían como locos por el susto. Pero no duró mucho, porque en cuanto se aseguró de que no había moros en la costa, él la volteó y se la folló de pie contra la ventanilla empañada, sus muslos temblando mientras él le llenaba el coño a chorros hasta que el líquido blanco le resbaló por las piernas y le manchó los zapatos. Ella se quedó ahí, con la boca abierta y los ojos vidriosos, mientras él le pasaba la lengua por los labios para limpiar los restos de su corrida antes de volver a empalarla contra el asiento, esta vez con más dureza, como si quisiera partirla en dos.