Llena su boca con mi leche y luego se la traga bien
La morena de caderas anchas llegó con ese culazo que no dejaba de rebotar al caminar y yo ya sabía que esta noche no iba a dormir tranquilo. Se arrodilló frente a mí con los labios pintados de rojo oscuro y me agarró la verga bien dura entre sus manos, gruesas y llenas de anillos, mientras me miraba con esos ojos negros que prometían pecado. Sin avisar, me la metió hasta la garganta con un gemido ronco que me erizó la piel, sintiendo cómo su saliva caliente envolvía cada centímetro de mi polla palpitante. Me agarraba del pelo con fuerza, tirando hacia atrás para que le llenara la boca con el primer chorro espeso de mi corrida, que le resbaló por la barbilla y le manchó el escote sudado de su vestido ajustado. Antes de que pudiera recuperarme, me la sacó por completo, brillando con mi leche, y se lamió los labios con esa lengua juguetona mientras gruñía de placer. 'Ahora dime que no eres una zorra que quiere más', le susurré, y ella me respondió abriendo bien las piernas sobre la mesa del comedor, dejando ver ese coño empapado y esos muslos gruesos temblando de anticipación. Me clavé dentro sin piedad, empotrándola contra la madera mientras sus tetas grandes rebotaban con cada embestida y sus jadeos llenaban la casa de sonidos obscenos. La polla le llegaba hasta el fondo, estirando su vagina mojada que chorreaba jugos cada vez que me retiraba, y sus uñas se clavaban en mi espalda mientras gritaba '¡Más fuerte, cabrón!' con una voz que ya no parecía humana. Cuando por fin le solté toda la leche en las entrañas, su culo gordo se sacudió como gelatina y sus piernas flaquearon, pero yo no me detuve hasta dejarla hecha un desastre sudoroso y jadeante, con los muslos pegajosos y el aliento entrecortado. Todavía le quedaba energía para reírse mientras me limpiaba los restos de mi corrida de su cara con los dedos, metiéndose uno entero en la boca para chuparlo despacio como si fuera el último caramelo de la noche.