Zoro y robin follando como animales en el barco pirata
Desde que zoro apareció con ese cuerpo musculoso lleno de cicatrices, robin no podía dejar de mirarlo con esos ojos verdes llenos de lujuria cada vez que se cruzaban en cubierta. La primera vez que sus manos se toparon fue cuando él la atrapó por detrás mientras ella revisaba unos pergaminos, apretando sus caderas contra ese trasero redondo y firme, sintiendo cómo el coño de ella se humedecía al contacto con la polla dura que presionaba contra su tanga. En cuestión de segundos, zoro la había empujado contra la mesa, arrancándole la ropa con fuerza, dejando al descubierto sus tetas perfectas y ese chocho rosado que chorreaba de excitación. Sin perder tiempo, metió tres dedos dentro de ella mientras con la otra mano le agarraba el cuello, haciendo que robin gimiera como una puta en celo, pidiendo más. Él no se hacía de rogar, sacó la polla enorme y la clavó hasta el fondo, sintiendo cómo los músculos de su coño apretaban su verga como un tornillo, mientras ella gritaba de placer con cada embestida profunda. Zoro la cogió por el pelo, obligándola a arquear la espalda mientras seguía embistiéndola sin piedad, sintiendo cómo su corrida caliente llenaba cada rincón de su chocho. La dejó temblando, con la cara llena de saliva y los muslos empapados, mientras él se limpiaba la polla en su tanga destrozado, sabiendo que pronto volvería por más.