Zaya OfHel se masturba como una gatita traviesa con su dildo
La habitación está en penumbra, solo la luz tenue de la lámpara de noche ilumina su cuerpo pequeño y delicado, pero con una mirada que promete todo menos inocencia. Lleva un disfraza de gatita ajustado, las orejas puntiagudas y una cola que se mueve cada vez que se contonea, y yo llevo días imaginando este momento. Desde que la vi mirarme con esos ojos traviesos en el café, supe que esto iba a pasar. La tensión entre nosotros era insoportable, cada roce accidental, cada mirada robada, hasta que por fin la invité a mi casa. Ahora, aquí está, mordiéndose el labio mientras se desabrocha el vestido, dejando al descubierto sus pechos pequeños y firmes, los pezones ya duros de anticipación. Se recuesta en la cama, separando las piernas para mostrarme su coño ya mojado, y agarra el dildo con una mano mientras la otra se desliza entre sus muslos. Empieza a gemir suavecito, pero yo sé que quiere más. Me acerco y le susurro al oído: 'Quiero verte correrte, puta'. Ella arquea la espalda y acelera el ritmo, el dildo entrando y saliendo de su coño apretado, los sonidos húmedos llenando la habitación. Sus gemidos se vuelven más fuertes, más desesperados, hasta que por fin se corre, el cuerpo temblando bajo mis manos. Cuando termina, me mira con una sonrisa pícara y dice: '¿Y ahora qué, papi?'.