Vicky Vette se deja empotrar por Adam Wilde en su casa
—'No aguanto más, necesito que me rompas el coño ya'— le susurré al oído a Adam Wilde mientras le agarraba la polla dura entre mis piernas. Llevábamos días mirándonos con esa tensión insoportable cada vez que nos cruzábamos en el pasillo, y hoy no iba a dejar que se escapara. Sentí su mano apretándome el culo mientras me empujaba contra la pared, sus dedos ya mojados de lo caliente que estaba mi coño. No me importó que me arrancara el tanga de un tirón, solo quería sentirlo dentro de mí de una vez. Me subió al sofá y me abrió las piernas, su lengua recorriendo mi clítoris hasta que gemí tan fuerte que casi me oye el vecino. Cuando por fin me clavó la polla hasta las pelotas, no pude evitar morderle el hombro de lo bueno que se sentía. Cada embestida me hacía chocar contra el respaldo, el sonido de su piel golpeando la mía llenando la habitación. Me encantaba cómo me miraba mientras me follaba, como si no pudiera creer lo puta que era por disfrutar tanto. Cuando me corrí, fue tan intenso que me temblaban las piernas, pero él no se detuvo hasta vaciarse dentro de mí. Ahora, mientras me limpio su leche de los muslos, solo pienso en cuándo volverá para repetirlo.