Sophia West me mostró su culo y no pude parar
“¿Te gusta lo que ves, vecino?”, me dijo Sophia West mientras se agachaba frente a mí, mostrando ese culo maduro que llevaba semanas imaginando. No me esperaba que fuera tan redondo, tan firme, con esas marcas de tanga que marcaban su piel como un mapa del pecado. Le di una palmada seca y ella gimió, arqueando la espalda para ofrecerme más. Mi polla ya estaba dura como una roca, y cuando le metí un dedo, sentí lo mojada que estaba, como si su coño supiera exactamente lo que quería. La empujé contra la pared y le arranqué el tanga de un tirón, dejando al descubierto su culo perfecto. “Quiero que me empotres hasta que no pueda caminar”, susurró, y no tuve que decírmelo dos veces. La levanté en el aire y la clavé en mi verga de una estocada, sintiendo cómo su culo se ajustaba a mí como un guante. Cada embestida la hacía gritar más fuerte, sus uñas clavándose en mi espalda mientras yo la penetraba sin piedad. Cuando sentí que su coño se contraía alrededor de mi polla, supe que estaba a punto de correrse, y no me detuve hasta que los dos explotamos juntos. Ahora sé que Sophia West tiene secretos que ni ella misma conoce, y la próxima vez que la vea, voy a descubrir cada uno de ellos.