Shooting Star se entrega al pollón de Xavier Bangz en escena prohibida
Shooting Star no podía dejar de mirarlo cada vez que lo veía pasar. Sabía que estaba mal, que él era demasiado joven para ella, pero esa polla negra y gruesa que se marcaba bajo los pantalones la volvía loca. Un día, cuando se quedaron solos en la casa, no aguantó más: se arrodilló frente a él, le bajó el pantalón y se metió su verga hasta la garganta, chupando con desesperación mientras él le agarraba el pelo. El sonido de sus gemidos llenó la habitación cuando él la levantó y la empotró contra la pared, clavándosela de una estocada hasta hacerle tocar el cuello del útero. Mi coño ardía con cada embestida, mojándose más mientras él me mordía los pechos y me decía cosas sucias al oído. No podía parar, aunque sabía que esto estaba mal, que alguien podía entrar y pillarnos. Cuando él me dio vuelta y me penetró por atrás, agarrándome las nalgas con fuerza, sentí que me iba a correr en cualquier momento. Sus gruñidos y el sonido de nuestros cuerpos chocando me pusieron al borde, y cuando por fin se corrió dentro de mí, grité tan fuerte que temí que los vecinos nos escucharan. Al terminar, Xavier Bangz solo pudo sonreír, sabiendo que había dejado a esta milf temblando de placer.