Elena insaciable se masturba el coño en plena naturaleza
A media tarde en el sendero solitario del bosque Elena se recostó contra un tronco ancho y empezó a hablarme en voz baja. Te voy a contar cómo me abrí las piernas sin quitarme las medias de nailon mientras revisaba que nadie viniera por el camino. Mi marido estaba a quinientos metros preparando la tienda y podía aparecer en cualquier segundo si se le ocurría buscarme. Metí la mano por dentro de la tela ajustada y empecé a frotar mi clítoris hinchado con dos dedos mientras el culo gordo se apretaba contra la corteza. El riesgo de que alguien me viera me ponía tan mojada que los jugos me corrían por el interior de los muslos gruesos. Me bajé las medias hasta las rodillas y metí tres dedos de golpe en el coño caliente separando los labios carnosos hasta sentir cómo se contraían alrededor de mis nudillos. Cada vez que un ruido de hojas me sobresaltaba apretaba más fuerte y gemía bajito mordiéndome el labio para no delatarme. Seguí follándome con la mano hasta que el orgasmo me subió por la barriga y me hizo arquear la espalda mientras el culo temblaba y soltaba un chorro caliente que empapó la tierra. Cuando terminé de correr me quedé temblando con los dedos todavía dentro y escuché pasos lejanos que se acercaban por el mismo sendero.