Sexo anal salvaje con Arty Boer y polla gruesa
Una tarde de calor insoportable, el aire acondicionado roto y la piel pegajosa, ahí estaba él, desafiándome con esa mirada de 'a ver si aguantas'. Arty Boer, ese tipo musculoso lleno de tatuajes, se rio cuando le dije que su culo no era para cualquiera. Pero yo tenía mi polla gruesa y un puño que sabía usar. Empezó con un gemido cuando le metí los dedos hasta el fondo, sintiendo cómo su agujero se abría como una fruta madura. '¿Eso es todo lo que tienes?', me provocó, pero cuando le hundí la polla de golpe, sus ojos se abrieron y su voz se quebró. El sudor nos corría por la espalda mientras lo empotraba contra la pared, su culo goteando y apretándose alrededor de mi verga. 'Más fuerte', gritó, y le di hasta que sus piernas temblaron. Cambié al puño, sintiendo cómo su carne se estiraba, su respiración entrecortada y sus uñas clavándose en mis brazos. Cuando por fin me corrí dentro de él, su agujero quedó bien abierto, goteando y palpitante. Al final, solo quedó el rastro de su sudor en las sábanas y el olor a sexo crudo en el aire.