Rubia casada se corre leyendo un cuento sucio
La pelirroja de ojos verdes no podía dejar de pasarse la lengua por los labios cada vez que abría el archivo con ese relato prohibido... Su coño se humedecía solo de imaginarse al protagonista empotrándola contra la pared mientras le susurraba obscenidades al oído. Se quitó el cinturón del albornoz con manos temblorosas, dejando al descubierto unos pechos firmes con los pezones perforados que se le endurecían al rozarse con el sujetador de encaje. Se hundió los dedos entre las piernas y gimió al sentir lo empapada que estaba, con los pliegues rosados completamente abiertos y chorreando jugos. El vibrador zumbó al encenderlo y lo presionó contra el clítoris hinchado, provocando espasmos de placer que le recorrieron la espalda hasta hacerle arquear el lomo. Se lo metió dentro con un gemido gutural, sintiendo cómo el plástico le rozaba las paredes del coño palpitante mientras imaginaba que era una verga gruesa y venosa la que la estaba destrozando por dentro. Los muslos le temblaban cada vez que el aparato le daba en el punto G, arrancándole gritos ahogados y chorros de leche por todos lados. Se corrió tan fuerte que le cegó la visión durante unos segundos, con el cuerpo convulsionando sobre las sábanas mientras la polla de juguete seguía machacándola sin piedad. Cuando por fin recuperó el aliento, se limpió los restos de corrida del muslo con la lengua, aún jadeante y con las mejillas rojas de tanto placer. No contenta con uno, repitió la escena una y otra vez hasta que le dolió la mano y el coño le quedó rojo y brillante como un botón de rosa recién abierto.