Raiden shogun follando con un hilichurl salvaje
"¿Crees que una diosa puede resistirse a esto?" La voz de Raiden Shogun temblaba mientras sus dedos se enredaban en el pelo áspero del hilichurl. Sabía que era un pecado, que su deber era gobernar, no gemir como una mortal cuando ese monstruo le separó las piernas con sus garras. El olor a sudor y tierra me embriagó mientras su polla, gruesa como un brazo, se hundía en mi coño apretado. Cada embestida me hacía gritar, pero no podía parar, no cuando sus manos me sujetaban el culo como si fuera su presa. "Esto está mal", susurré, pero mis caderas se movían solas, buscándolo más hondo. El hilichurl gruñó al sentir cómo mi cuerpo lo apretaba, sus pelotas chocando contra mi trasero cada vez que me empotraba contra el suelo. Cuando me corrí, fue con un grito que resonó en el bosque, mis fluidos mezclándose con su semen mientras él rugía su placer. Al final, solo quedó el rastro de mis uñas en su espalda, marcando lo que nadie más debería ver.