Profesora tetona se deja coger por su alumno de polla enorme
La profesora de matemáticas llevaba semanas notando cómo su alumno más aplicado, ese de mirada descarada y cuerpo fibroso, no podía evitar clavarle los ojos en sus tetas cada vez que se inclinaba sobre el escritorio. Hoy, en la clase privada después del horario, la habitación olía a sudor juvenil y a perfume barato que le nublaba la razón. Él, con esa verga dura como piedra bajo el pantalón ajustado, no pudo aguantarse más y le soltó la verdad: 'Profe, necesito que me castigue... pero de otra manera'. Ella, con las mejillas encendidas y los pezones marcando la blusa transparente, no opuso resistencia cuando él la empujó contra la pizarra, arrancándole el sujetador de un tirón para dejar al descubierto sus tetas grandes y pesadas que rebotaban con cada embestida. El chico, con las manos sudorosas aferradas a su cintura, le metió la polla hasta la garganta mientras le susurraba al oído lo rica que la tenía, cómo su coño empapado chorreaba por el morbo de ser follada por uno de sus estudiantes. Ella gemía entrecortado, con la espalda arqueada y las uñas clavadas en el trasero firme de él, mientras la polla enorme la abría por dentro con cada empellón salvaje. El sonido de carne chocando contra carne resonaba en el aula vacía, mezclado con los gritos ahogados de ella cuando la embistió con fuerza hasta hacerla correrse en chorros pegajosos que le resbalaban por los muslos. Él no aguantó más y, con un gruñido gutural, se enterró hasta las pelotas y le soltó toda su leche caliente dentro, llenándola hasta que el coño le goteaba por las piernas al salir de ella. La profesora quedó jadeando, con los pechos cubiertos de babas y semen, sin poder creer que su alumno le hubiera dado el mejor castigo de su vida.