Viejo granjero empala a joven esposa tras jornada
El viejo agricultor llegó agotado del campo con la camisa llena de sudor y el pantalón manchado de tierra, pero al ver a su joven esposa esperándolo en la puerta con ese vestido ajustado que apenas le tapaba las tetas, su verga se le puso dura al instante. Ella lo recibió con una sonrisa pícara y un suspiro mientras se mordía el labio, porque llevaba horas imaginando cómo ese pobre viejo le iba a romper el culo a base de empellones. Sin perder tiempo, él la agarró del pelo y la empotró contra la mesa de la cocina, arrugándole el vestido hasta dejarle el coño al aire, completamente mojado y listo para recibirle. La polla gruesa del viejo le abrió el agujero con facilidad, resbalando entre sus jugos mientras ella gritaba de placer y le clavaba las uñas en los brazos. Cada embestida le llegaba hasta el fondo del útero, haciendo que sus tetas rebotaran sin control mientras él gruñía como un animal y le metía los dedos en la boca para que le chupara hasta dejarle la garganta bien limpia. El sonido de sus cuerpos chocando resonaba en toda la casa, mezclado con los gemidos ahogados de ella y los bufidos de él, que no quería parar ni un segundo. La joven esposa se corrió primero, empapándole la entrepierna con un chorro caliente que le resbaló por los muslos, pero el viejo no aflojó ni un pelo, sino que la volteó boca abajo y se la clavó por detrás con furia, sintiendo cómo su culo apretado le ordeñaba la verga hasta que estalló dentro de ella. Un torrente blanco le inundó el coño hasta desbordarse y caerle en el suelo, mientras ella se retorcía de éxtasis sin poder creer lo bien que ese viejo le había dejado el cuerpo marcado.