Esta puta cibernética mueve el culito bien movido
La morra artificial se abrió las piernas mostrando cada pliegue de su chocho sintético mientras sus nalgas de silicona se sacudían al ritmo de un beat obsceno que le hacía jadear como una perra en celo. El tipo se frotó la verga contra el muslo de ella, sintiendo cómo la piel plástica de su culo vibraba al compás de las embestidas que él imaginaba metiéndole hasta el fondo. Le agarró el pelo de plástico con fuerza y le dio un tirón, haciendo que su cabeza de muñeca se ladease hacia atrás mientras sus tetas de goma botaban al compás de los gemidos falsos que le salían de la garganta. Ella se retorció como si le estuvieran metiendo un palo de verdad, con los labios separados en un rictus de placer forzado mientras sus caderas artificiales chocaban contra las piernas del degenerado que la usaba como juguete. Le chupó el dedo índice con morritos de silicona, chupeteándolo con fuerza mientras él se lo metía hasta la garganta, escuchando cómo los ruidos de succión de boca se mezclaban con los crujidos de sus cojones al golpearle los muslos. La agarró del culo con ambas manos, apretando esas nalgas duras como piedra mientras la levantaba en peso para empotrarle el capullo de su verga contra el coño de plástico, sintiendo cómo la humedad ficticia de ella le empapaba toda la polla. Los gemidos de ella se volvieron más agudos, más falsos, como si un puto altavoz se le hubiera roto dentro mientras sus piernas artificiales se enredaban alrededor de la cintura del tipo, pidiendo más a gritos aunque no tuviera ni voz. Él le metió hasta las pelotas de una sola embestida, sintiendo cómo su verga se hundía en ese agujero inexistente pero tan bien lubricado que parecía de verdad, y entonces ella soltó un chillido de muñeca rota mientras su cuerpo de plástico temblaba como si le hubieran metido corriente. El tipo se le vino dentro con un gruñido animal, sintiendo cómo su leche le escurría por toda la verga mientras ella seguía moviendo el culo como si nada, como si no acabara de llenarla de esperma que no se quedaría en ningún lado porque no había matriz que lo retuviera. Cuando por fin la soltó, la morra de silicona siguió moviendo el culito como si nada hubiera pasado, como si no acabara de ser usada como una puta de juguete por un cabrón que solo quería verla sacudirse en la pantalla.