Norah juliette traiciona a su marido con un negro y chorro explosivo
La putita de Norah Juliette llevaba semanas coqueteando con ese negro de cuerpo marcado que veía al otro lado de la calle, siempre con esa ropa ajustada que le marcaba el culo prieto y esas tetas redondas que le saltaban al caminar. Su marido, un tipo celoso que nunca le prestaba atención, ni en sueños imaginó que su mujer terminaría empotrada contra la pared del salón mientras ese negro de polla gruesa y venosa le levantaba las piernas y le clavaba el coño hasta hacerla gritar como una loca. Al principio solo fue un juego de miradas y toqueteos en el sofá, pero cuando él llegó antes de lo esperado y la encontró con la falda subida y la tanga mojada de saliva ajena, no pudo contenerse: se acercó, le bajó la blusa para morderle las tetas duras mientras el negro le metía los dedos en el coño empapado y le susurraba al oído lo buena que era su putita. Norah no pudo resistirse, se dejó caer de rodillas y le chupó la polla negra hasta que el tipo le agarró la cabeza y se la empaló hasta la garganta, ahogándola con cada embestida mientras su marido, excitado como nunca, le bajó las bragas y le metió la verga por detrás sin avisar, haciendo que a Norah se le escapara un gemido ahogado entre la garganta del negro y el culo que le ardía de placer. La sala se llenó de sonidos húmedos: el chapoteo de sus coños al chocar, los azotes en su culo redondo que se ponía rojo de tanto empotrar, los gritos de Norah pidiendo más mientras el negro le ordeñaba las tetas y su marido le llenaba el coño de leche espesa. Cuando Norah sintió que no podía aguantar más, se dejó ir con un chorro potente que le salió disparado entre las piernas, empapando el tapete del suelo mientras los dos hombres la sujetaban para que no se cayera, con las respiraciones entrecortadas y las pollas aún duras dentro de ella, listas para otra ronda de follada sin piedad.