Coño bien mojado se llena hasta reventar a chorros
Lleva días con el coño ardiendo de ganas, metiendo los dedos entre los labios mientras se masturba pensando en cómo se va a empotrar hasta dejarla sin respiración. Al primer empujón de esa verga gruesa le escapa un gemido ronco que le vibra en toda la garganta, sintiendo cómo cada embestida le desgarra el coño hasta el fondo mientras la humedad le chorreaba por las piernas. El cabrón la agarra de las caderas como si fuera su putita personal y la arrastra contra su regazo, haciendo que los jugos le salpique la cara cada vez que la penetra con fuerza brutal. Las tetas le bailan descontroladas, los pezones duros como piedras, y el coño se le abre en carne viva bajo cada embestida que le hace chillar como una posesa. Le mete los dedos en la boca para que chupe su sabor mientras con la otra mano le estruja el culo hasta dejarle marcas rojas, y entre gritos y maldiciones le exige que le folle más fuerte. La cama cruje hasta romperse, los muslos le tiemblan de las sacudidas, y cuando por fin nota cómo el coño le empieza a temblar como gelatina es cuando suelta un chorro espeso que le moja hasta la barbilla. La muy cerda no para de correrse, escupiendo más líquido cada vez que la empala contra el colchón, hasta que la habitación huele a sexo barato y a coño mojado. Los labios hinchados le sangran de tanto mordérselos, los gemidos le salen entrecortados, y aunque ya no puede más, sigue pidiendo más verga porque sabe que con este cabrón no hay quien la pare. Al final, exhausta y con el coño hecho un trapo, se queda tirada en el suelo con las piernas abiertas, goteando aún mientras se ríe como una loca porque sabe que esto es lo que mejor se le da: ser la putita que no aguanta ni un segundo sin que se la metan.