Motoboy negro empotra a su amigo gordito en la fiesta
El tipo flaco y sudado llegó tarde a la fiesta con su moto ruidosa y la ropa pegada al cuerpo mojado por el calor de la noche. Su amigo gordito, con ese culazo que no paraba de moverse al ritmo de la música, lo esperaba con una sonrisa pícara y las manos ya en el cinturón del pantalón ajustado. Antes de que pudiera decir nada, el motoboy lo empujó contra la pared del patio trasero, donde el olor a cerveza derramada y sudor se mezclaba con el aire caliente. Con un movimiento brusco le bajó el short hasta los tobillos y le agarró el culo prieto con las dos manos, separando esas nalgas blancas y temblorosas para escupirle directamente en el agujero, preparándolo sin piedad. El gordito soltó un gemido ahogado mientras la saliva resbalaba por su raja, sintiendo cómo la polla gruesa y negra del motoboy le rozaba la entrada sin entrar aún. 'No aguanto más, métemela ya, cabrón', jadeó el gordito, apretando los puños contra la pared mientras su amigo se humedecía los labios y le escupía otra vez en el culo, esta vez con más fuerza, para abrirlo bien. Cuando por fin sintió la punta gruesa hurgando en su entrada, el gordito arqueó la espalda y empujó contra ella, tragándose los primeros centímetros con un suspiro ronco que se convirtió en un grito cuando el motoboy lo empaló de un solo envite hasta la empuñadura. '¡Joder, qué buena está tu entrada, puto!' gruñó el motoboy mientras le clavaba las uñas en las caderas, marcándole la piel blanca con surcos rojos. El gordito no pudo evitar soltar un chorro de babas por la boca al sentir cómo esa verga enorme le estiraba el culo hasta límites que ni sabía que existían, cada embestida haciendo que su carne palpitara y sus pelotas golpearan contra sus muslos gruesos. 'Más duro, no pares, que me voy a correr', suplicó el gordito mientras el motoboy lo azotaba sin piedad, su polla entrando y saliendo con un sonido húmedo y obsceno que llenaba el aire del patio. Los gemidos se mezclaban con el jadeo entrecortado del motoboy, que cada vez embestía con más fuerza, hasta que sintió cómo los músculos del culo del gordito se contraían alrededor de su verga como un puño caliente, anunciando su corrida. 'Ahora, métemelo todo, ¡ahora!' gritó el gordito, y el motoboy no necesitó más incentivo: con un último empujón brutal, se enterró hasta los huevos y soltó un rugido gutural mientras su leche espesa y caliente inundaba el culo del gordito, que se corrió al mismo tiempo con chorros blancos manchando el suelo entre sus pies. Cuando terminaron, exhaustos y sudados, se quedaron abrazados un rato, con las pollas aún temblorosas y el olor a sexo flotando en el aire caliente de la noche.