Mamadas en la oficina con el culo bien apretado
“No me importa que nos pillen, solo quiero que me la metas ya” susurra ella mientras te agarra la polla con las dos manos, sus tetas rebotando contra tu pecho cada vez que te la chupa con más fuerza. Sientes cómo su lengua recorre el tronco de tu verga antes de tragársela entera, ahogando un gemido cuando la punta golpea su garganta. El riesgo de que alguien entre en cualquier momento solo la excita más, sus uñas clavándose en tus muslos mientras te la chupa con desesperación. Sus nalgas perfectas, redondas y firmes, se contraen cada vez que te mira con esos ojos de puta hambrienta, sabiendo que en cualquier momento podrías empotrársela hasta el cuello del útero. Escuchas pasos afuera y ella se detiene, pero solo para susurrarte al oído: “Fóllame el culo, rápido, antes de que lleguen”. La levantas de un tirón, su coño chorreando contra tu muslo, y la empalas de una estocada contra la pared, sus gritos ahogados en tu hombro mientras te la follas con furia. Cada embestida hace que sus tetas reboten violentamente, sus pezones duros como piedras, y sientes cómo su ano se aprieta alrededor de tu polla, lista para recibir toda tu leche caliente. El sonido de la puerta girando te paraliza, pero ella solo gime más fuerte, pidiéndote que le corras dentro, que la llenes entera, y justo cuando estás a punto de explotar, escuchas voces acercándose...