Lina X descubre el monstruo que esconde Jin Matsui
El sonido de la cremallera al abrirse me hizo contener la respiración, pero lo que vi después me dejó sin palabras: la polla de Jin Matsui era más gruesa de lo que imaginaba, venosa y palpitante, casi saltando de sus calzoncillos. Mis dedos temblaron al rozar su piel caliente, y cuando la tomé por primera vez, sentí cómo se hinchaba aún más en mi mano, como si supiera que estaba a punto de ser devorada. Jin gimió al sentir mi saliva cubriendo su tronco, y cuando me arrodillé para chupársela, su sabor salado me hizo gemir también, porque nunca había probado algo tan deliciosamente prohibido. Sus manos se enredaron en mi pelo mientras empujaba mi cabeza hacia abajo, y yo me dejé llevar, tragando hasta que su punta golpeó mi garganta. Pero lo que realmente me sorprendió fue cuando sus dedos, todavía húmedos de mi saliva, se deslizaron hacia atrás y empezaron a jugar con mi culo, presionando con fuerza hasta que sentí que me abría para él. No pude evitar arquearme cuando su polla, ya lubricada, se clavó en mi agujero, estirándome de una sola embestida. Cada movimiento era un choque de pieles sudorosas, sus gemidos mezclándose con los míos mientras me empotraba contra el sofá, sintiendo cómo su verga me llenaba hasta que las caderas chocaron. Cuando por fin se corrió, su leche espesa brotó dentro de mí, y yo me quedé temblando, con su polla aún dentro, sintiendo cómo se desinflaba poco a poco. Lo único que quedó después fue el olor a sexo en el aire y mi tanga tirado en el suelo, manchado de su corrida.