Chica trans con arnés se empala al sumiso en plena sesión
Jaq ya tenía el arnés bien ajustado y la verga de silicona bien dura lista para clavarse hasta el fondo, mientras Robert se mordía los labios tratando de aguantarse los gemidos que le subían por la garganta. El masaje previo con aceite de coco dejó su espalda pegajosa y su piel erizada, preparada para el castigo que venía cuando ella le apretó el culo con las dos manos y le escupió en el agujero para lubricar bien antes de empalarlo sin piedad. Robert gritó cuando el glande falso le abrió el esfínter como un demonio, sus nalgas temblando mientras Jaq le clavaba la polla de juguete hasta las pelotas con embestidas lentas pero brutales que le hacían ver estrellas por el dolor mezclado con placer. La ropa interior de encaje negro de ella se le enganchó en los huevos al moverse, pero ni eso la detuvo cuando empezó a follarle el culo como una bestia, sus tetas rebotando contra su espalda sudada mientras le susurraba al oído lo puta que era y lo bien que le iba a dejar el culo abierto después. Robert no pudo más que soltar un chorro de babas al sentir cómo la verga artificial le rozaba la próstata una y otra vez, sus manos arañando las sábanas mientras su coño interior se llenaba de leche caliente sin que pudiera controlarlo. Jaq, lejos de parar, se rio con voz ronca y le ordenó que se pusiera en cuatro patas para hundirle la polla hasta el fondo, esta vez sin piedad, mientras le masajeaba los huevos con los dedos para que no se le bajara la dureza del juguete. Cada embestida sonaba como un azote húmedo contra su carne, el sonido de carne contra carne mezclado con los gemidos ahogados de Robert, que ya no sabía si quería que ella parara o que le destrozara el culo para siempre. Cuando Jaq sintió que su polla de juguete se le clavaba hasta la empuñadura, le agarró la nuca y le estrelló la cara contra el colchón mientras le susurraba obscenidades al oído, ordenándole que se corriera sobre las sábanas. Robert no pudo resistirse más: un espasmo brutal le recorrió la espalda mientras su agujero se contraía alrededor de la polla falsa, expulsando chorros de leche espesa por toda la cama mientras Jaq, satisfecha, le dejaba temblando sobre el colchón, su culo enrojecido y abierto como una herida deliciosa.