La esposa del gamer se venga con Lucyan en 11 minutos
Esa tarde en el dormitorio, Paola Rubiel no podía sacarse de la cabeza las miradas de Elber Gonzalo. Cada vez que su marido Memo Inclan se iba a jugar, ella se quedaba imaginando cómo sería que otro hombre la tocara, la hiciera gemir como una perra en celo. Cuando Lucyan apareció en la puerta, con esa polla gruesa y mirada de depredador, no lo pensó dos veces. Se bajó la falda de un tirón, dejando al descubierto el culo redondo y húmedo, y se arrodilló frente a él. La verga de Lucyan era más grande de lo que había imaginado, gruesa y palpitante, y cuando se la metió en la boca, los gemidos le salieron sin control. Él la agarró del pelo, empujando hasta que la garganta le ardió, mientras ella se agarraba las tetas grandes, apretándolas con fuerza. En el espejo del cuarto, veía su cara enrojecida, los labios manchados de saliva, los ojos vidriosos de placer. Cuando Lucyan la levantó y la empotró contra la pared, el choque de sus cuerpos resonó en toda la habitación. Cada embestida era más brutal que la anterior, el culo de Paola rebotando contra el abdomen de él, los gritos ahogados en el cuello de Lucyan. Él le mordió el hombro mientras la penetraba hasta las pelotas, y ella solo atinó a clavarle las uñas en la espalda, sintiendo cómo la polla le rozaba puntos que ni Memo había tocado. Cuando Lucyan se corrió, lo hizo con un gruñido animal, llenándole el coño con chorros calientes que le hicieron temblar las piernas. Al terminar, él se limpió la boca con una sonrisa de satisfacción, mientras Memo, en el otro cuarto, ni siquiera sospechaba lo que acababa de pasar.