Follando a mi hijastro y creyendo que era mi marido
"¿Estás seguro de que nadie va a entrar?", susurra Lu Roque mientras se quita la ropa interior, sus dedos temblando al desabrochar el cinturón de su hijastro. Él la empuja contra la pared, sus manos grandes apretando ese culo redondo que tanto le excita, mientras escuchan cada crujido en la casa. Ella gime bajo su boca, sus tetas apretadas contra su pecho, pero se calla cuando él le clava la polla de golpe, sintiendo cómo se estira su coño mojado. En más de 14 minutos de escena, la tensión crece: cada embestida es un riesgo, cada gemido ahogado podría delatarlos. Él la levanta como si no pesara nada, sus muslos temblando mientras la clava contra la puerta, sus pelotas golpeando ese culo prieto que rebota con cada movimiento. Ella se muerde el labio cuando él la llena de leche, sus uñas marcando su espalda, sabiendo que si alguien abre la puerta ahora, los verá así, sudando y enredados. Al final, solo queda un charco pegajoso en el suelo y el olor a sexo flotando en el aire.