La encontré en el sofá y no pude resistirme a su culo perfecto
Llevaba días mirándola de reojo, imaginando cómo sería tocar ese culo redondo que se le marcaba en los leggings ajustados. Cada vez que pasaba cerca, el olor a su perfume me ponía la polla dura, pero nunca me atreví a decir nada. Hasta que esa tarde, la vi tirada en el sofá, con el culo al aire y las piernas abiertas, distraída con el celular. No lo pensé dos veces: me acerqué por detrás, le levanté la falda y le bajé las bragas de un tirón. Su coño ya estaba mojado, listo para mí. Le metí los dedos primero, sintiendo cómo se retorcía de placer, y luego le clavé la polla hasta las pelotas, agarrándole las caderas para embestirla con fuerza. Olivercastelistar gemía como una loca, pidiéndome más, y yo no paré hasta correrme dentro de ella. Ahora, mientras se limpia el semen que le chorreaba por los muslos, solo piensa en cuándo volveremos a hacerlo.