Exputa colombiana me tiene en casa bien follado
Desde que supe que antes trabajaba en la calle, cada vez que se arrodilla delante de mi polla la miro con más morbo, recordando cómo esos mismos labios chupaban verga por unos billetes. Tiene el coño más juicioso que he probado, siempre mojado y listo para que la empotre hasta dejarla sin aire, aunque sus tetas pequeñas y caídas me vuelven loco cada vez que las aprieto contra mi pecho. Anoche, con ese vestido rojo que le marca el culo prieto y el labial del mismo color, se acercó a mí mientras yo veía la tele y me susurró al oído que solo quería que le llenara la boca de leche, así que sin pensarlo le arranqué las bragas de encaje y la tumbé en el sofá del salón. Empecé a lamerle el coño depilado, sintiendo cómo sus jugos me mojaban la lengua mientras gemía como una auténtica puta, pidiendo más con esa voz ronca que me vuelve loco. Cuando ya no pudo aguantar más, me montó a horcajadas, clavándome su culo redondo en las caderas mientras se empalaba con mi verga circuncidada, que le estiraba el coño pequeño pero bien apretado hasta límites que la hacían gritar mi nombre entrecortado. Entre embestidas brutales, me chupaba los huevos mientras yo le agarraba los pezones duros, y aunque sus tetas planas no eran gran cosa, el movimiento de su cuerpo delgado y sudado me tenía al borde del abismo. Cuando noté que se le endurecían los muslos y sus gemidos se volvieron agudos, le metí la polla hasta la garganta y le reventé la boca con un chorro espeso que tragó sin dudar, mientras ella se corría apretando mis bolas contra su coño empapado. Se quedó tirada en el sofá, con los labios rojos de tanto mamar, el coño goteando y la mirada perdida de satisfacción, sabiendo que hoy no saldré ni a comprar el pan.