Mexicana flaquita se deja empotrar como puta mojada
La flaquita mexicana llegó a la casa del vecino con unos shorts que apenas le tapaban el culo y una camiseta que se le pegaba al cuerpo sudado. Desde que abrió la puerta él supo que no iba a durar ni cinco minutos con esa morrita de cuerpo estrecho y tetas pequeñas que se le marcaban bajo la tela. Ella ni siquiera esperó a que cerrara la puerta, se le tiró encima mordiéndole el labio mientras le agarraba la verga dura que ya le apretaba contra el pantalón. Con un gemido ronco le arrancó la camisa de un tirón y se le quedó mirando el rabo grueso que le colgaba pesado entre las piernas, palpitando con cada respiración. Él no pudo resistirse y le metió dos dedos en el coño chorreante que ya le reclamaba atención, haciendo que ella soltara un chillido agudo y se le arqueara la espalda de placer. La levantó en vilo como si no pesara nada y la empotró contra la pared, sintiendo cómo el coño estrecho le abrazaba la polla hasta el fondo mientras ella chillaba cada vez que le clavaba las uñas en la espalda. La flaquita no paraba de babearle el cuello y gemirle obscenidades al oído, pidiendo más embestidas, más fuerte, más profundo, hasta que él no pudo aguantar más y le soltó la crema caliente dentro del coño virgen que tanto lo tenía obsesionado. Ella se corrió al mismo tiempo, temblando como gelatina, con los muslos temblorosos y el coño empapado que se le escapaba chorros de leche por las piernas. Cuando por fin la dejó caer al suelo, la morra quedó tirada boca arriba, con las piernas abiertas y los ojos vidriosos, completamente satisfecha después de que le partiera el coño a base de empotrones bien dados.