La bhabhi le hace una paja sucia con su marido en casa
La bhabhi llevaba días fingiendo que no la excitaba verle el torso sudado mientras se cambiaba la ropa después del trabajo, pero hoy no pudo más. Cuando su marido llegó al dormitorio con esa mirada de cerdo en celo, ella ya estaba mordiéndose el labio inferior con los ojos brillantes de lujuria. Le agarró con fuerza la polla ya semierecta por encima del pantalón de chándal y empezó a masajearla con movimientos lentos y sucios, sintiendo cómo se le endurecía bajo sus dedos calientes y pegajosos. Él jadeó como un animal al sentir su aliento caliente en la oreja mientras le susurraba guarradas en hindi mezclado con groserías españolas, algo que a ella la ponía más cachonda que nunca. La bhabhi se arrodilló en la alfombra gastada del dormitorio y le bajó los pantalones de un tirón, dejando al descubierto esa polla gruesa y morada que le hacía babear solo de verla. Se la metió en la boca con un gemido profundo, chupando con ansias la punta gorda mientras jugaba con sus bolas pesadas, que ya empezaban a tiritar de placer. Él le enredó los dedos en el pelo negro azabache y se la empotró sin piedad en la garganta, haciéndole llorar lágrimas de saliva mientras la garganta se le abría como un coño más. Los berridos de ella resonaban en las paredes del apartamento mientras le agarraba el culo firme con una mano y se la follaba la boca como si fuera un coño más, sintiendo cómo se le llenaba la lengua de ese sabor salado y caliente que tanto le gustaba. De repente, ella se apartó con un chasquido húmedo y se limpió los labios brillantes de babas, mirándolo con una sonrisa perversa antes de escupirle en la punta y frotársela con el dorso de la mano. Él soltó un gruñido animal y la levantó de golpe, tirándola sobre la cama donde los muslos le temblaban de anticipación. Le arrancó el sari de un tirón, dejando al descubierto ese coño depilado y reluciente que ya estaba empapado, con los labios hinchados y brillantes de su propio jugo. Se lanzó sobre ella como un depredador, enterrando la cara entre sus muslos para lamerle el coño sin piedad mientras ella se retorcía y le clavaba las uñas en la espalda. Cuando ya no pudo aguantar más el placer, él se subió encima y le metió la polla de un solo empujón, empalándola contra el colchón mientras sus tetas rebotaban con cada embestida brutal. Ella gritaba como una puta en celo, con la boca abierta y los ojos en blanco, sintiendo cómo esa verga monstruosa le estiraba el coño hasta el límite mientras le llenaba las entrañas de leche caliente. Se corrieron los dos al mismo tiempo, él descargando dentro de ella con un rugido gutural mientras ella se tragaba cada gota sin perder ni una gota, con la cara contorsionada en un orgasmo que le hizo convulsionar como si le hubieran electrocutado.