Hermanastra adicta al sexo me convence de empotrarla
Gemía como una loca mientras se frotaba las tetas frente a mí, esa hermanastra adicta al sexo que siempre me provocaba. Sabía que estaba mal, pero verla así, con esos pechos grandes y ese culo apretado moviéndose, me hizo olvidar todo. Athena Faris se arrodilló sin avisar y se tragó mi polla entera, chupando con esa boca traviesa hasta que se ahogó con mi verga. Me empujó al sofá y se sentó encima, hundiéndome en su coño mojado mientras se mordía los labios. 'Dámelo fuerte, hermano', susurró, y yo no pude negarme. La agarré de las caderas y la empotré contra el respaldo, sintiendo cómo se apretaba cada vez que la levantaba y la dejaba caer. Las tetas le rebotaban con cada embestida, y sus gemidos se volvieron gritos cuando le metí dos dedos en el culo. '¡Así, así!', chillaba, y yo solo podía pensar en lo prohibido que era esto, en lo bien que se sentía su coño apretado alrededor de mi polla. La corrí adentro, sintiendo cómo se estremecía, y cuando la saqué, un hilo de mi leche le quedó colgando entre las piernas. La camisa de ella quedó tirada en el suelo, manchada de sudor y de lo que le había corrido por la pierna.