Crystal Blue la gordita de tetas enormes es empotrada sin piedad
“No deberíamos hacer esto aquí”, me susurró Chad mientras me agarraba las nalgas con esas manos grandes, pero yo ya estaba demasiado mojada para detenerlo. Mi coño palpitaba al sentir su polla dura rozándome el culo, y aunque sabía que era un riesgo, no pude evitar arquearme para que me penetrara de una estocada. Sus embestidas eran brutales, llenándome hasta que las caderas chocaban contra mi carne, y yo gemía sin control, mordiéndome el labio para no gritar. Las tetas me rebotaban con cada movimiento, los pezones duros como piedras, y Chad me agarraba los muslos para hundirse más profundo, como si quisiera marcarme por dentro. “Eres una puta insaciable”, gruñó, y yo solo podía asentir, porque era verdad: no quería que parara, aunque supiera que esto estaba mal. En más de 15 minutos de escena, me corrió en el coño como un animal, llenándome hasta que tuve que empujarlo para respirar. “¿Ya te cansaste, gordita?”, me provocó, y yo solo sonreí, sabiendo que en cuanto se recuperara, volvería a pedirle más.