Mujer se deja empotrar por una serpiente gigante
Nunca imaginé que una serpiente podría ser tan larga y gruesa, pero cuando la vi deslizarse hacia mí con esos ojos brillantes, supe que no podría escapar. La cabeza de su polla se balancea frente a mi coño mojado, y antes de que pueda reaccionar, me penetra de una estocada, llenándome por completo. Grito cuando siento cómo su verga serpenteante se retuerce dentro de mí, rozando cada centímetro de mi vagina. Sus escamas ásperas me rozan los muslos mientras me embiste sin piedad, y mis tetas rebotan con cada movimiento. De pronto, noto algo extraño: su polla se pone más dura y caliente, como si supiera exactamente cómo hacerme gemir. Me agarro a sus escamas mientras me clava hasta las pelotas, y siento cómo mi cuerpo se tensa antes de correrme con un grito ahogado. La serpiente gruñe, y su corrida espesa me inunda el coño, caliente y pegajosa. Cuando por fin se retira, me quedo temblando, con el coño palpitando y los muslos cubiertos de su leche. La serpiente se enrosca a mi lado, satisfecha, mientras yo intento recuperar el aliento, sorprendida por lo intenso que fue el encuentro.