Nicole Saphir montando polla gruesa hasta reventar
Aquella tarde de calor, la tensión entre Zac y yo era insoportable. Llevábamos días provocándonos, rozándonos al pasar, miradas que quemaban más que el sol. Cuando por fin quedamos solos, no aguanté más. Me acerqué a él, deslicé mis manos por su torso y le susurré: «¿Te gustaría ver cómo monto tu polla gruesa hasta reventar?». Zac no respondió con palabras, solo con un gruñido mientras me arrancaba la ropa interior. Me senté sobre su verga aceitada, sintiendo cómo se hundía en mi coño mojado hasta hacerme gemir. Cada vez que bajaba, mi culo tatuado rebotaba contra sus muslos, y él me agarraba las nalgas con fuerza, hundiendo sus dedos en mi carne. «Así me gusta, puta, que te sientas toda mi polla», me decía mientras yo movía las caderas en círculos, sintiendo cómo rozaba cada centímetro de mi interior. El aceite brillaba en nuestros cuerpos, haciendo que cada deslizamiento fuera más intenso. Cuando me incliné para chuparle los huevos, él me empujó contra la pared y empezó a empotrarme sin piedad, sus embestidas sacudiéndome hasta que ya no pude más. Me corrí gritando su nombre, y él, sin soltarme, me llenó el coño de su leche espesa hasta que se derramó por mis piernas.