Anal casero con amiga que no pudo esperar más
Una tarde de verano en mi casa, mi mejor amiga Eliza Evans y yo llevábamos semanas con esa tensión sexual que no dejábamos escapar. Cada vez que nos mirábamos, sentíamos cómo el calor nos quemaba por dentro. Hasta que ese día, sin avisar, me dijo: 'Hoy te voy a dar el culo como nunca'. No lo pensé dos veces. Me arrodillé detrás de ella, ese culo grande y redondo que siempre me había vuelto loco ahora estaba ahí, a mi merced. Con las manos le abrí bien las nalgas y empecé a lamerle el ojete, sintiendo cómo se estremecía. 'Así me gusta, puta, moja ese culo para mí', le dije mientras metía un dedo para prepararla. Gemía como una perra en celo, retorciéndose, hasta que no aguanté más y le metí la polla de golpe. '¡Ay, cabrón, qué grande!', gritó mientras le empotraba hasta las pelotas. En más de 10 minutos de escena, ese culo apretado se tragó cada centímetro de mi verga, sintiendo cómo se apretaba alrededor como un guante. Eliza Evans no paraba de gemir, pidiendo más duro, más rápido, hasta que al final le corrí dentro, llenándole ese culo rico de mi leche. Pero esto no termina aquí, porque la próxima vez le voy a romper el culo de verdad, ¿te gustaría verlo?