Dos tíos y ella follando sin parar en casa
Nada más dejar caer la puerta, los dos cabrones ya le estaban bajando el short ajustado mientras ella reía con la boca bien abierta. Esa morena de cuerpo escultural se dejaba manosear las tetas grandes y duras con las manos de esos dos tipos sin perder el ritmo, gimiendo fuerte cuando le metieron los dedos por el coño ya bien mojado. Uno le chupaba los pezones duros como piedras mientras el otro le lamía el culo prieto, empapándole la ropa interior con baba caliente. Sin pensarlo dos veces, la pusieron boca abajo sobre la cama y le arrancaron el tanga de encaje, dejando al descubierto esa raja resbaladiza que brillaba bajo la luz tenue. El primero se arrodilló en el suelo y le metió la polla hasta la garganta sin aviso, ahogándola con sus gemidos mientras ella le agarraba la nuca para que no se moviera. El otro, con los huevos bien cargados, le clavó la verga dura por detrás sin piedad, haciendo que el culo le temblara con cada embestida brutal que le llegaba hasta el fondo. Entre gritos y gruñidos, los tres se enredaban como locos, sudando la gota gorda mientras ella se corría una y otra vez, empapando las sábanas con jugos espesos. Los tipos no paraban, alternando entre chuparle el clítoris hinchado y darle por el culo con movimientos lentos pero profundos, hasta que ella ya no pudo más y se dejó llevar por un orgasmo que le dejó las piernas temblorosas. El primero se corrió en su boca con un chorro grueso que le resbaló por la barbilla, mientras el otro se descargó dentro de su coño estrecho, llenándola hasta que se le salió un poco por las piernas. Entre risas y resoplidos, los tres quedaron tirados en el suelo, jadeando como perros con la lengua afuera, mientras ella se limpiaba los restos de semen de la cara con el dorso de la mano, satisfecha y con la piel pegajosa de sudor y fluidos.