Exuberante rubia traga polla como una diosa
La alemana de ojos verdes no pierde el tiempo y se lanza directo a lo que sabe hacer mejor: chupar pollas como si no hubiera mañana, con esos labios carnosos y esa lengua ágil que le da vueltas al glande como si fuera un caramelo. Se agarra la melena rubia con una mano mientras con la otra masajea los huevos hinchados del pobre tipo que intentó resistirse, pero que no tardó ni cinco segundos en rendirse cuando ella le clavó esas uñas pintadas de rojo en los muslos y le susurró al oído que se dejara llevar. El tipo, con esa polla gruesa que se le escapaba de la boca cada vez que intentaba tragársela entera, no pudo evitar gemir cuando ella le agarró el culo con fuerza y lo empujó más adentro, ahogando sus quejidos con un gemido gutural que le salió del pecho. La rubia, con esas tetas enormes que le rebotaban al ritmo de sus movimientos, se relamió los labios antes de soltar la polla un segundo para pasarse la lengua por el escote y dejarlo con la boca abierta, completamente mojada por la anticipación. No contenta con eso, se agachó para lamerle los huevos con movimientos lentos y húmedos, mientras le clavaba la mirada con esos ojos verdes que brillaban de lujuria, como si le estuviera diciendo que no tenía piedad. El pobre tipo, con las piernas temblorosas, no pudo aguantar más cuando ella le agarró el rabo con las dos manos y se lo metió hasta el fondo de la garganta, ahogándose en sus propios gemidos mientras ella le escupía un hilo de saliva que le resbalaba por la polla antes de volver a tragársela con un sonido húmedo y obsceno. Cuando ya no pudo más, ella se levantó con una sonrisa pícara, se sacó la blusa para dejar al descubierto esas tetas gigantes que tanto le gustaban y se las acarició mientras le decía que quería que le diera una paliza con esa verga, que la empotrase contra la pared hasta que se corriera dentro de su coño bien apretado. El tipo, fuera de sí, la agarró de los pelos y la empujó contra el sofá, donde ella se dejó caer con las piernas abiertas, mostrando ese culo redondo y firme que temblaba de ganas, mientras él le metía los dedos en el coño para asegurarse de que estaba más que lista. No tardó en empalarse sobre ella, con embestidas brutales que hacían temblar el mueble, mientras ella gritaba como una posesa, arañándole la espalda y pidiendo más fuerte que nunca. Cuando por fin él explotó dentro de su concha, ella se corrió al mismo tiempo, con un espasmo que le sacudió todo el cuerpo y la dejó jadeando, con los muslos cubiertos de sus propios jugos y la polla aún goteando semen entre sus piernas.