Ex novia se masturba frente a su marido celoso
La ex novia no pudo resistirse cuando su ex la llamó pidiendo verla después de años sin contacto, y al abrir la puerta solo llevaba puesta una camiseta ajustada que apenas le tapaba el culo prieto. Él se quedó boquiabierto al notar que entre sus piernas el coño ya estaba empapado, los labios rosados brillando bajo la luz tenue de la sala mientras se mordía el labio inferior sin dejar de gemir. Sin pensarlo dos veces, él le agarró el pelo con fuerza y le plantó un beso brusco en la boca, sintiendo cómo la lengua de ella se enredaba con la suya mientras sus dedos se clavaban en los muslos de él. Ella se dejó caer de rodillas sobre la alfombra mullida, con los pechos desbordándose del escote de la camiseta, y sin perder tiempo le desabrochó el pantalón para sacar esa polla gruesa que tanto recordaba. Con la punta ya brillando por el pre-semen, ella se la metió en la boca hasta la garganta, produciendo un sonido húmedo y obsceno que resonó en la habitación mientras le acariciaba los huevos con los dedos. Él le sujetó la cabeza con ambas manos y empezó a embestirle la boca con fuerza, sintiendo cómo el coño de ella se contraía de deseo al ver cómo su ex le llenaba la garganta sin piedad. De pronto, ella se levantó de un tirón, se quitó la camiseta de un solo movimiento y quedó completamente desnuda frente a él, con los pezones duros como piedras y el coño chorreando jugos que resbalaban por el interior de los muslos. Él la empujó contra la pared más cercana, le abrió las piernas de un golpe y sin preliminares le metió dos dedos bien hondo en el coño empapado mientras con el pulgar le masajeaba el clítoris hinchado, arrancándole unos gritos agudos que se mezclaban con el sonido de los dedos metiéndose y sacándose sin piedad. Ella se corrió en menos de un minuto, empapándole la mano de flujo espeso mientras su cuerpo se estremecía, pero él no se detuvo ahí: la levantó del suelo, le agarró las nalgas firmes y la empaló contra la pared con fuerza, empotrándola sin compasión mientras sus tetas rebotaban al ritmo de cada embestida. Los gemidos de ella se volvieron incontrolables, su coño se contraía alrededor de su polla cada vez que él llegaba hasta el fondo, y cuando sintió que los huevos le ardían listos para explotar, ella se corrió de nuevo, esta vez con un chorro de leche caliente que le resbaló por las piernas mientras él se vaciaba dentro de su matriz con un gruñido animal. Quedaron los dos jadeando, sudorosos y pegajosos, con el olor a sexo flotando en el aire y el cuerpo de ella temblando aún por los últimos espasmos del orgasmo. La camiseta quedó tirada en el suelo, manchada de sus propios jugos, y él supo que esa noche no sería olvidada fácilmente por ninguno de los dos.