Después de sudar toda la tarde te limpiaré las botas con la lengua
Llevaba mis botas polvorientas del trabajo apretadas entre los dientes mientras ella me miraba con esa sonrisa de zorra que tanto me pone, los calcetines empapados de sudor pegados a sus piececitos desnudos. Me ordenó que me arrodillara en el suelo de madera fría, los dedos de sus pies blancos y sudados a centímetros de mi boca, el olor a humedad y carne caliente metiéndose por la nariz. Sin pensarlo dos veces agarré uno de esos dedos entre mis labios, la piel áspera contra mi lengua, chupando con fuerza mientras ella reía y empujaba su pie contra mi cara, ahogándome en el hedor a calcetín usado y suela de cuero. Las uñas pintadas de rojo se clavaron en mi nuca mientras le lamía la planta del pie, cada grieta y callo de su piel, sintiendo cómo el sabor a salitre y transpiración me empapaba la garganta. Me ordenó que hiciera lo mismo con la otra bota, arrastrando mi lengua desde el talón hasta la punta de los dedos, deteniéndome en cada uno para succionar cada uña con un gemido húmedo que le sacaba risitas burlonas. Cuando terminé, me escupió un poco de saliva en la cara y me ordenó que limpiara hasta el último rastro de polvo de las costuras, pasando mi lengua por cada pliegue del cuero mientras me ahogaba en el sabor a pies usados y dominación. Ella se quitó los calcetines empapados y los tiró a mi cara, obligándome a olerlos antes de volver a lamerle los dedos, ahora más lentos, más profundos, mientras su coño se humedecía al ver cómo me sometía a sus caprichos más sucios. Entre gemidos y risas, me recordó que las botas solo se limpian con la boca de una puta dispuesta, y que si fallaba, tendría que chuparle los calcetines hasta que no quedara ni rastro de suciedad. La polla se me ponía dura cada vez que su pie me golpeaba la mejilla, obligándome a tragar su sudor mientras sus risitas se convertían en un ronroneo de satisfacción al verme obedecer como un perro. Cuando por fin terminé, me escupió en la boca y me ordenó que tragara, sintiendo cómo el sabor a pies y sumisión me recorría la garganta mientras ella se reía de mi sumisión total.