Chad Diamond se empotra a Lynn, la madura de tetas enormes
—'No aguanto más, quiero que me rompas ese culo de una vez'— me susurró Lynn al oído, y yo ya no pude contenerme. Llevábamos días mirándonos en el trabajo, intercambiando sonrisas cargadas de deseo, hasta que la tensión se volvió insoportable. Esa tarde, cuando por fin quedamos solos en su apartamento, no perdí tiempo: la empujé contra la pared y le arranqué la blusa, dejando al descubierto esas tetas gigantes que rebotaban con cada respiro. Le bajé los pantalones y le hundí la cara en ese coño depilado, mojado desde el primer lamido. Gemía como una loca mientras le chupaba el clítoris, y yo ya tenía la polla tan dura que dolía. La giré para que se apoyara en el sofá, le separé esas nalgas carnosas y le metí un dedo en el culo mientras con la otra mano le sobaba las tetas. —'Dame esa verga ya, cabrón'— me ordenó, y no me hice rogar: le clavé la polla de una estocada hasta que las caderas chocaron, y ella gritó como nunca. La follé como un salvaje, agarrándole las caderas para hundirme más, sintiendo cómo su coño apretaba mi verga con cada embestida. Le di duro, rápido, hasta que empezó a temblar y a correrse, pero yo no paré: seguí embistiéndola hasta que sentí que me iba a reventar. —'Córrete dentro, putita'— le dije, y ella me apretó más fuerte, gimiendo como una perra en celo. Y entonces, justo cuando estaba a punto de explotar...