Yoursolll se deja comer el coño con 25 centímetros de verga
El olor a sudor fresco y el sonido de tu respiración agitada llenan el cuarto mientras te agachas entre sus piernas abiertas, sintiendo cómo su coño caliente palpita contra tu boca. La tienes temblando, mordiéndose el labio para no gritar, porque en cualquier momento podría entrar alguien y pillarlos así, con tu lengua hundida hasta las pelotas en su raja mojada. Ella te agarra del pelo, empujándote más fuerte contra su clítoris hinchado, sus muslos apretados contra tus orejas mientras gime bajito, como si tratara de ahogar los gemidos en el aire. Sientes cómo sus jugos te escurren por la barbilla, pegajosos y calientes, mientras tu polla late contra el suelo, pidiendo a gritos entrar en acción. Pero no, primero quieres que se corra así, con tu boca, sintiendo cómo su coño se contrae alrededor de tus labios mientras se arquea hacia atrás, los dedos clavados en el colchón. El riesgo de que los descubran solo la pone más cachonda, y cuando por fin la volteas y le metes la verga de una estocada, ella ahoga un grito en la almohada, los ojos desorbitados. Cada embestida la hace chocar contra la pared, los golpes sordos mezclándose con sus gemidos ahogados, y cuando por fin te corres dentro de ella, es su marido quien abre la puerta y la ve así, toda mojada y jadeante, con tu leche escurriéndole por los muslos.