Carnaval salvaje: Agatha Mama y sus amigas en una suruba caliente
“¿Ya ves cómo te miro, mamón?”, me reía mientras ajustaba el tanga mojado contra mi culo grande, sabiendo que Clarkes Boutaine no aguantaría. Llevaba días mandándole fotos con el vestido pegado, rozándome contra él en las fiestas, pero ese día en el carnaval fue cuando perdí la paciencia. Mis tetas rebotaban con cada paso mientras las otras putas se acercaban, las gotas de sudor resbalando por mi piel morena. Agarré su polla dura de una vez, sintiendo cómo temblaba al rozar mi lengua por el glande, y entonces todas se abalanzaron. ¿Te gustaría estar en su lugar, sintiendo cómo tres bocas te chupan al mismo tiempo? No hubo misericordia, nos turnábamos para montarlo, el sonido de la carne chasqueando en cada embestida llena de saliva. Me encantaba ver cómo se le cerraban los ojos cuando lo penetramos por atrás, mientras mis uñas marcaban su espalda. En más de 11 minutos, el suelo quedó empapado de nuestro jugo, los gemidos ahogados por el ritmo frenético. Pero lo mejor no era solo el sexo, sino la mirada de Clarkes cuando me corrí en su boca, sabiendo que yo había ganado esta guerra. Ahora solo pienso en cuándo lo voy a volver a humillar.