Stella me reta a domar su culo virgen en San Valentín
Me encanta cuando las mujeres creen que pueden manejar la situación, pero esta vez Stella se pasó de lista. Me miró con esa sonrisa de puta desafiante y me dijo que si era capaz de aguantar su culo nuevo, que ni siquiera había probado. Yo, con mi polla ya dura, le respondí que no solo la iba a domar, sino que la iba a dejar temblando. Empezamos con besos lentos, pero en cuanto le arranqué el tanga de encaje rojo, supe que esto sería una guerra. Su culo redondo y firme se movía como un reloj cuando se montó encima, empalándose hasta que los muslos le temblaron. Cada vez que bajaba, gemía más fuerte, y yo le agarraba las caderas para clavársela hasta las pelotas, sintiendo cómo su coño mojado me apretaba como un guante. La humillación de verla suplicar mientras le llenaba el culo de leche fue lo mejor: 'Por favor, más fuerte', repetía entre jadeos. Cuando me corrí, le dejé un chorro grueso en el vientre, marcándola como mía. Al final, solo quedó su tanga roto en el suelo, prueba de que no solo gané el reto, sino que la dejé sin aliento.