Eliza la pelirroja me chupa la polla bien dura
La Eliza no se hace de rogar cuando la veo llegar con ese culo gordo y esas tetas naturales que le rebotan al caminar, su pelo rojo encendido enmarcando una cara de puta que no pide permiso. Me mira con esos ojos verdes mientras se agacha en el suelo, se lía con mi cinturón y saca mi verga dura que ya goteaba de ganas por su boca. Sin perder tiempo mete toda la polla entre sus labios carnosos, esos morros rojos que se estiran como chicle alrededor de mi tronco, y empieza a chupar con saliva gruesa que me moja los huevos hasta dejarlos brillantes. Cada vez que baja más la cabeza sus tetas gigantes le aplastan contra el pecho, los pezones duros rozando mis muslos mientras sus gemidos ahogados vibran contra mi polla. Le agarro la nuca con fuerza y la empalo hasta la garganta, sintiendo cómo su lengua se enrosca alrededor del glande mientras traga con dificultad pero sin quejarse. Las arcadas le hacen lagrimear pero sigue con esa mirada de perra necesitada, como si su coño ya estuviera empapado solo de imaginarse lo que viene. Le bajo los pantalones hasta los tobillos y le meto dos dedos en el coño sin avisar, encontrando su rajita chorreando que deja un charco en el suelo cuando los saco brillantes de jugos. Se da la vuelta con ese culo enorme que le tiembla al caminar y se apoya contra la pared, separando las piernas para que le meta la polla hasta el fondo de un solo empujón. Sus gritos agudos llenan la habitación mientras le doy embestidas brutales que hacen que sus tetas gigantes se muevan como gelatina, el sonido de choque entre mi pelvis y su culo sonando como un tambor. Cuando noto que sus muslos empiezan a temblar y sus gemidos se vuelven entrecortados, sé que va a correrse en cualquier momento, así que la agarro de las caderas y le meto la polla hasta las pelotas mientras me desato dentro de su concha caliente sin protección. La Eliza se queda jadeando con mi leche goteando por sus muslos, su coño bien usado dejando escapar chorros de mi corrida que le resbalan por las piernas hasta el suelo, mientras me mira con esa sonrisa de puta satisfecha que sabe que hoy se va a ir con las bragas llenas de mi leche.