Rubia gime con cinco pollas hasta explotar
La morena de tetas redondas y culo prieto no podía creer que cinco pollas esperaran por ella en el suelo de la casa, pero el olor a coño mojado y a semen fresco la volvió loca al instante. En cuanto la primera verga gruesa le rozó los labios, abrió la boca de par en par y se tragó cada centímetro sin protestar, sintiendo cómo la garganta se le llenaba de carne caliente y palpitante. Uno a uno los tipos se turnaron para empotrarla por la boca, escupiendo saliva espesa sobre sus tetas mientras le gritaban lo puta que era y lo bien que le chupaba las bolas. Cuando la levantaron en vilo, sus muslos temblaron al sentir el culo abierto de par en par, listo para recibir el primer palo anal que le partió el esfínter de un solo empujón, arrancándole un aullido que se mezcló con los gemidos de los demás. La polla que le metían por la vagina se clavaba hasta el fondo, haciendo que su vientre se abultara como si estuviera embarazada de puro macho, mientras otra verga le apretujaba las tetas desde atrás y le mordisqueaba los pezones rojos de tanto joder. Entre chorros de orina que le mojaban la cara y los pechos, la chica no paraba de babear y babear, con los labios hinchados y el coño goteando leche de tanto placer prohibido. Cada embestida era más brutal que la anterior, con las pelotas golpeándole el culo y los muslos resbaladizos de sudor y lubricante, hasta que por fin su cuerpo se rindió y se corrió gritando como una perra en celo, con las piernas temblorosas y los agujeros bien abiertos para que no escapara ni una gota de semen. Mientras la llenaban de leche por todos lados, ella solo atinó a reírse como loca, con los ojos vidriosos y el coño hecho un desastre de fluidos, sabiendo que esta noche la iban a dejar más usada que un trapo viejo.