Mollie se quita ropa lentamente para ti
Se abrocha el sostén rojo mientras te mira con esos ojos que prometen pecado y suelta los tirantes con un movimiento lento que hace que el sujetador caiga al suelo dejando al descubierto unos pechos firmes y redondos con los pezones duros como piedras. Se baja las bragas blancas con los dedos temblorosos, dejando ver un coño depilado y brillante que ya está mojado solo de imaginarte dentro de ella. Te arrodillas frente a esa entrepierna caliente y le lames el clítoris con la punta de la lengua, arrancándole un gemido ronco que le recorre la espalda mientras sus manos se enredan en tu pelo tirando con fuerza. Ella se sienta en el borde de la cama y te agarra la polla con esas manos pequeñas pero decididas, guiándotela hasta la boca para chupártela con una voracidad que te hace gruñir de placer. La empujas contra la pared y le levantas una pierna, empalándola contra el muro con embestidas profundas que hacen que sus tetas reboten al ritmo de cada golpe. Sus jadeos se vuelven más fuertes cuando sientes cómo su coño se contrae alrededor de tu verga, apretándola como un puño mientras te correteas dentro sin piedad. Le muerdes el cuello mientras le metes dos dedos en la boca para que chupe mientras le llenas el útero con tu leche espesa, dejando marcas rojas en su piel que gritan lo salvaje que fue el polvo. Se deja caer en la cama con las piernas abiertas, con la cara roja y el pelo enmarañado, mientras tú le pasas la mano por el culo todavía tembloroso y le susurras al oído lo putita que es cuando se deja follar así de bien.