Rossmexicana se come la polla y se corre al instante
Esa morra mexicana de curvas explosivas llegó a la fiesta con un vestido ajustado que apenas le tapaba el culo prieto y la raja del coño bien delineada bajo la tela transparente. El afortunado no pudo resistirse cuando ella se le acercó rozando su muslo contra la verga dura como una roca bajo el pantalón, mordiéndose el labio inferior mientras le susurraba al oído que llevaba semanas soñando con empalarse con esa polla gruesa. Sin pensarlo dos veces, ella se hincó de rodillas en el suelo de la sala, le bajó el cierre del pantalón y sacó la verga palpitante que olía a sudor y a sexo prometedor, mientras los gemidos de anticipación le salían del pecho al sentir el primer lametazo en la cabeza rosada. El tipo no aguantó más y la agarró de la nuca para hundirle la polla hasta la garganta, sintiendo cómo ella tragaba con avidez mientras los jugos le resbalaban por la barbilla, pero antes de que se corriera, la levantó en peso y la estrelló contra la pared, arrancándole el tanga de un tirón para dejar al descubierto el coño más jugoso y mojado que había visto en su vida. Con las piernas enredadas en su cintura, ella le clavó las uñas en la espalda y le ordenó que la empotrara fuerte, sintiendo cómo la verga gruesa le abría paso entre los labios hinchados hasta tocarle el fondo del útero, mientras los gritos de placer se le escapaban entre jadeos cada vez que las embestidas le golpeaban el clítoris hinchado. Los cuerpos sudorosos se pegaban uno al otro, la piel resbaladiza por el calor de la pasión, y él no pudo resistir la tentación de darle la vuelta para hundirse en ese culo prieto que se movía como una diosa, apretando los glúteos para que la polla le entrara hasta la raíz mientras ella gemía como una puta en celo, pidiendo más y más sin importarle que la leche le salpicara las tetas mientras el orgasmo la recorría de pies a cabeza como un relámpago. La corrida fue brutal, espesa y caliente, escurriéndose por los muslos de ella mientras él se vaciaba dentro de ese coño estrecho que lo apretaba como un puño, dejando a ambos rendidos en el suelo con las respiraciones entrecortadas y los cuerpos temblorosos, sabiendo que ese polvo salvaje había sido solo el preludio de muchas más folladas intensas con esa latina de curvas de infarto.