Mi madrastra Julia Fontanelli siempre me tentaba con su escote al limpiar
Julia Fontanelli nunca dejaba pasar un día sin rozarse contra mí con esa tanga transparente mientras trapeaba a mi lado. Sabía exactamente cómo mojarme la mirada cuando se inclinaba, mostrando el canal entre sus tetas de leche. El otro día, cuando me encontró en calzoncillos frente a la tele, dejó caer la escopeta y se arrodilló para recogerla demasiado cerca de mi polla endurecida. Su aliento caliente acarició el tejido mientras susurraba que «necesitaba ayuda con la aspiradora». Yo ya no aguanté más: la empotré contra la pared, le arranqué el short que apenas cubría su culo redondo de piel dorada y le metí los dedos hasta hacerla gemir. No le importó que mis vecinos oyeran los golpes de mis caderas contra su carne, solo repetía «más fuerte, más fuerte» mientras le chupaba los pezones. Cuando por fin me vine dentro, ella se quedó mirando al vacío con esa sonrisa de puta satisfecha, como si fuera su triunfo haberme hecho perder el control. El pobre Liu Gang, que entró buscando algo de comer, se quedó tieso al vernos así, con mi semen goteando entre los muslos de su madre.