Mi hermanastra me pilló masturbándome y me retó a ver quién aguantaba más
El sonido de la puerta al abrirse me heló la sangre, pero no fue el frío lo que me hizo saltar: fue el olor a vainilla de su perfume mezclado con el sudor de mi polla en la mano. Mi hermanastra, con esa sonrisa de puta que sabe que tiene el control, se quedó mirándome fijamente mientras yo intentaba esconder mi verga dura entre las sábanas. '¿Te gusta tanto tu polla que no puedes esperar a que yo te la chupe?', dijo, mordiéndose el labio. Yo le respondí con un desafío: 'A ver si aguantas cuando te empotre contra la pared'. Ella se rió, pero sus tetas ya se movían al ritmo de su respiración acelerada. Se quitó la blusa de un tirón, dejando al descubierto sus pezones duros como piedras, y se arrodilló frente a mí. 'Si crees que puedes correrte antes que yo, estás muy equivocado', murmuró antes de engullir mi verga entera de golpe. Sus labios carnosos se ajustaron a mi tronco como un guante, y sus manos me apretaban las pelotas con fuerza mientras su lengua jugaba con mi glande. Yo gemí como un animal, pero ella no se detuvo: se levantó, se bajó las bragas y se sentó sobre mi cara, frotando su coño mojado contra mi boca. 'Chúpame como si fuera la última vez', ordenó, y yo obedecí, hundiendo mi lengua en su grieta mientras ella se retorcía encima de mí. Cuando ya no pude más, la levanté de un tirón y la empujé contra la pared, clavándole mi polla hasta hacerle tocar el cuello del útero. Sus gritos resonaban en toda la habitación mientras yo la embestía sin piedad, sintiendo cómo su coño se apretaba alrededor de mi verga. '¿Ahora quién no aguanta?', le dije al oído, y ella solo pudo gemir en respuesta. Cuando me vine, fue tan fuerte que mi leche le llenó el vientre entero, y ella se corrió tan duro que sus piernas temblaron. 'Pensé que eras más hombre', susurró con una sonrisa pícara mientras mi semen le goteaba por los muslos.