Me masturbo en el motel con miedo a que me descubran
El sonido del aire acondicionado zumbando en la habitación me ponía más caliente, pero lo que realmente me excitaba era la idea de que alguien pudiera entrar en cualquier momento. Me quité la ropa lentamente, sintiendo cómo mi coño se humedecía al pensar en el riesgo de ser pillada. Me recosté en la cama, con las piernas abiertas, y empecé a tocarme los pezones con una mano mientras la otra bajaba hasta mi clítoris hinchado. Gemí bajito, mordiendo la almohada para ahogar el sonido, pero no podía evitar que mis muslos temblaran cada vez que mis dedos se hundían en mi carne mojada. Escuché pasos en el pasillo y me quedé quieta, conteniendo la respiración, pero solo era el personal de limpieza pasando de largo. Volví a mis caricias, esta vez más rápido, imaginando que alguien me observaba desde la puerta entreabierta. Me metí dos dedos hasta el fondo, sintiendo cómo mi coño se apretaba alrededor de ellos, y con la otra mano empecé a masajearme el clítoris en círculos rápidos. El placer me recorría entera, pero el miedo a ser descubierta lo hacía aún más intenso. Me corrí con un gemido ahogado, los dedos temblorosos y el cuerpo sudado, sabiendo que la próxima vez será aún más peligroso.