Masajista caliente se deja empotrar por su clienta
—'¿Seguro que no quieres probar algo más intenso?'— le susurró la clienta mientras se deslizaba sobre el aceite tibio, sus muslos brillando bajo la tenue luz de la habitación. La masajista Jenna Sativa, que apenas minutos antes había estado relajando esos mismos músculos, sintió cómo los dedos de la mujer se enredaban en su pelo antes de tirar hacia atrás, obligándola a mirar hacia arriba. El riesgo de que alguien entrara era real: las voces en el pasillo del spa se escuchaban demasiado cerca, pero el gemido ahogado de Jenna al sentir la humedad de la otra contra su boca ahogó cualquier preocupación. La clienta, una ebony de curvas perfectas, se movía con la confianza de quien sabe exactamente lo que quiere, restregando su coño empapado contra los labios de Jenna mientras sus caderas marcaban un ritmo implacable. El sonido de los fluidos al chocar con cada embestida era obsceno, y Jenna, con las manos clavadas en ese culo firme, no podía evitar morder suavemente los labios de la otra, saboreando el dulce ardor de la excitación compartida. El aceite hacía que cada roce fuera más intenso, más resbaladizo, y cuando la clienta se corrió, fue con un grito contenido que Jenna sintió vibrar en su lengua. Pero no hubo tiempo para descansar: la ebony la giró de golpe, presionando su propio coño contra el de Jenna en un scissoring salvaje, los pezones duros rozándose mientras ambas jadeaban, escuchando con atención cualquier ruido fuera de la puerta. Los gemidos se volvieron más fuertes, más desesperados, hasta que Jenna, con los dedos hundidos en la espalda de la otra, sintió cómo su propio orgasmo la recorría como un relámpago. —'¿Y ahora qué, masajista? ¿O prefieres que te folle yo a ti?'— le desafió la clienta con una sonrisa pícara, mientras el aceite seguía brillando sobre sus cuerpos sudorosos.