Madre chupando polla no te deja escapar de su boca
La cocina estaba en silencio, solo el sonido de la cafetera rompiendo el ambiente cuando de repente sentí sus labios rozando mi cuello. No esperaba que mi madrastra, con esa sonrisa traviesa, se arrodillara frente a mí sin avisar. Antes de que pudiera reaccionar, ya tenía mi polla dura entre sus manos, acariciándola con esa mirada que decía que no iba a soltarme. 'Madre chupando polla' fue lo único que atiné a pensar cuando sus labios se cerraron alrededor de mi verga, envolviéndola con una calidez húmeda que me hizo gemir. Descubrí entonces que llevaba años imaginando esto, porque la forma en que movía la lengua alrededor del glande era demasiado experta para ser casual. Sus manos se aferraron a mis muslos mientras hundía mi polla hasta la garganta, ahogándose un poco pero sin soltarme, como si supiera exactamente lo que necesitaba. Cada vez que intentaba retroceder, me agarró con más fuerza, sus uñas clavándose en mi piel mientras sus labios apretaban mi verga con una presión perfecta. 'Madre chupando polla' se convirtió en un mantra en mi cabeza cuando empezó a masajear mis pelotas con una mano mientras la otra se deslizaba hacia su propio coño, mojándose más con cada movimiento. El sonido de su saliva mezclándose con mis gemidos llenó la cocina, y cuando sentí que sus dientes rozaban suavemente mi piel, supe que no iba a durar mucho más. Su boca se convirtió en un remolino de placer, tragando mi polla con una habilidad que me dejó sin aliento, hasta que finalmente no pude aguantar más y me corrí en su garganta, sintiendo cómo cada chorro era recibido con un gemido de satisfacción.